| Sumario: | Luis Pancorbo expone claramente en el prólogo de Los dioses increíbles cual va a ser el contenido de esta obra. “En este libro no se van a encontrar dioses absolutos, para eso primero habría que creer en ellos. Aquí se irá observando lo contrario, aproximaciones a los significados de los dioses, aparte de considerar a la religión un sistema de símbolos, como diría Clifford Geertz, y eso para intentar desentrañarlos de forma comparativa. Buscaremos los símbolos y los encontraremos siempre que podamos, porque según Geertz son muchos los simbolismos que entran en juego, apuntando en una u otra dirección: la voz que clama en el desierto, el arco iris temible, el cráneo del antepasado colgado de una viga…: Estos símbolos expresan la atmósfera del mundo y la modela, como”, dice Geertz.\Éste es un libro dirigido al lector que tenga curiosidad o interés por el fenómeno religioso, y en especial por los dioses, antiguos y modernos. Éstos, entendidos como símbolos, son el reflejo de los sueños y temores de la humanidad; y son dioses increíbles, teniendo todos la ambición de ser verdaderos y pugnando al mismo tiempo por ser los principales, si no los únicos.\“No son infinitas, pero sí innumerables, las maneras con que la imaginación humana ha plasmado y plasma la idea de los dioses, dice Pancorbo. Para los pitagóricos Dios era el número uno, un número masculino que crea el universo junto al dos, que es femenino. Para los indios kwakiutl del noroeste de Canadá un cuervo era un dios, y además muy burlón y transgresor, porque los dioses, aparte de locos y de increíbles, son hábiles y pueden variar de aspecto, de tiempo y de leyes. Hay dioses con forma de serpientes en muchas culturas. Incluso hay hombres que se declaran dioses y que no siempre acaban en un manicomio.”\Dioses pájaros y peces, insectos y felinos, piedras y astros, semidioses y hombres divinizados… Un sinfín, en suma, de deidades del pasado y del presente que se dan cita en este estudio que aúna crítica, erudición y amenidad. Con su acercamiento crítico y antropológico, el autor no se limita, sin embargo, a enumerar dioses –tarea prometeica que llenaría bibliotecas enteras– sino que desentraña significados a la luz de registros sobre el terreno, o revisando viejos y nuevos textos sobre el particular.
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