| Sumario: | La propuesta es volver a mirar las pinturas coloniales como objetos pictóricos singulares, los que suelen ser interpretados en función de una tradición pictórica europea que busca presentar una imagen ideal negando su consistencia material. A través de un grupo de pinturas que fueron encargadas y viajaron desde el Cuzco, se pretende evidenciar un acto pictórico que revela las circunstancias y cronología de su factura, para dar cuenta de una imagen que se presenta a través de una materialidad explícita. Al final de este reconocimiento surge una pregunta sobre cómo esa tradición europea determina al conservador-restaurador reproduciendo una forma de ver y de interpretar estos objetos coloniales que lleva a ocultar las evidencias de una práctica pictórica cuyos rasgos anómalos la definen y distinguen.
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