Tradición y cambio en la identidad campesina : Chada, 1900-1995

Desde un principio, la necesidad de mano de obra de la provincia estuvo cubierta por la población indígena. El problema de la administración de esta significativa población fue resuelto a través del sistema de encomiendas. Este sistema consistía, fundamentalmente, en la entrega por parte del Estado...

Descripción completa

Detalles Bibliográficos
Autor principal: Parra Salinas, Alberto
Formato: Analitica de revista
Lenguaje:español
Publicado: Santiago, Chile : SUR, 1996.
Materias:

MARC

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500 |a En: Proposiciones. no. 27, 1996. pp. 160-173. ISSN. 956208051X. 
520 |a Desde un principio, la necesidad de mano de obra de la provincia estuvo cubierta por la población indígena. El problema de la administración de esta significativa población fue resuelto a través del sistema de encomiendas. Este sistema consistía, fundamentalmente, en la entrega por parte del Estado español de cierta cantidad de indígenas a los dueños de la tierra, los cuales podían utilizarlos tanto en las faenas agrícolas como los obrajes que se establecieron al interior de las estancias. Quien recibía esta merced, se comprometía a cuidar del bienestar material y espiritual de los aborígenes, por lo cual debía pagar un salario al indígena y costear el adoctrinamiento religioso a cargo del cura de la doctrina. Los indígenas quedaban al cuidado del dueño de la tierra. Este cuidado adquiría el carácter de "tutela", en cuanto la legislación hispana consideraba a los indígenas como "incapaces relativos", vale decir, como "menores de edad" que, por su ignorancia, no podían hacerse directamente responsables de las faltas que cometiesen. La Corona buscó, a través de este mecanismo, liberarse de la responsabilidad de cautelar los intereses indígenas e impuso a los conquistadores no sólo una obligación, sino también un mecanismo de explotación y posibilidades de coerción sobre la sociedad indígena. A este artículo le interesa destacar un elemento considerado de vital importancia en la comprensión de la estructuración social del campo: el trabajador de la tierra, el campesino indígena, establece una relación de intimidad obligada con el dueño de la tierra, es un "incapaz relativo" que requiere de la guía de alguien verdaderamente responsable, el "patrón". Es en el momento en que se estructura la hacienda como unidad productiva, cuando la encomienda (la "tutela") del encomendero sobre el indígena, adquiere un real sentido. Cuando la necesidad de producción obliga al propietario a establecer relaciones directas con los indígenas, comienza a operar el modelo de sujeción, la idea de la "tutela" se internaliza en los dueños de la tierra y genera una forma de relación que va a sobrevivir hasta un período muy reciente. 
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