| Sumario: | Uno de los grandes problemas que endémicamente ha enfrentado la Administración Pública y sus autoridades dice relación con la percepción que tienen las personas, y la sociedad en su conjunto, acerca de la eficiencia, eficacia y transparencia con la cual se produce el desempeño de las funciones de Gobierno y del aparato burocrático que le sirve de soporte. Dentro de este contexto se puede observar que uno de los supuestos, asumido prácticamente como un dogma, es el que sostiene, por definición, la ineficiencia, la mala calidad de los funcionarios públicos y lo burocrático (en sentido peyorativo) de sus procesos, en comparación con la supuesta eficiencia y eficacia de la administración privada, situación que muchas veces se contradice con la realidad, cuando esta se confronta de manera científica, al menos en nuestro país. Pareciera ser, entonces absolutamente necesario, tener que intervenir esta situación no solo por la distorsión que se produce de la realidad, sino que sin duda ello es fundamental, a nuestro entender, para el éxito del rol que debe jugar el estado y el aparato público en la construcción social y en la legitimidad de sus autoridades con el fin de darle gobernabilidad y por tanto estabilidad al país, elementos tan necesarios para su desarrollo como su éxito económico.
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