| Sumario: | En esta última década, varios países de América Latina asistieron a un resurgimiento de la capacidad transformadora de la política. Desde orientaciones políticas diferenciadas, gestadas como respuesta a la crisis de la “media década perdida”, se buscó incrementar la capacidad de respuesta del sistema político tanto ante las nuevas condiciones de la tecnoeconomía global y los equilibrios geopolíticos emergentes, como ante las demandas de ciudadanos cada vez más críticos de su realidad, más conscientes de sus derechos y más propensos a la participación en el espacio público. Este proceso generó mayores grados de autonomía y contribuyó a ampliar la frontera de lo posible en términos de construcción de proyectos nacionales. También supuso una polarización política creciente acompañada de nuevas tensiones para la institucionalidad democrática, en la medida en que se rompió el consenso sobre los modelos de desarrollo y democracia imperantes en la región desde mediados de los años ochenta.
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