| Sumario: | Así como el tropo de la "desorganización" dominó -y aún domina el estudio del ghetto negro en los Estados Unidos (Wacquant, 1995a), el de la "anomia y el radicalismo" dominó los estudios sobre las villas en América Latina (Portés, 1972), el "clientelismo político" ha sido una de las imágenes más fuertes y recurrentes en el estudio de las prácticas políticas de los pobres -urbanos o rurales- en esta región llegando a convertirse en una suerte de "prisión metonímica" (Appa durai, 1984) para este espacio del continente. Uno de los efectos de esta "antología de imágenes" preconstruidas que vinculan lugares y temas culturales es, de acuerdo al antropólogo A. Appadurai, el de achatar toda la complejidad cultural y ubicar el fenómeno estudiado bajo una categoría general y generalizable, en este caso, la de clientelismo. Esta noción ha sido usada -y abusada- para explicar tanto la razones por las cuales los pobres "seguirían" a líderes autoritarios, conservadores y/o populistas, así como las limitaciones de nuestras siempre frágiles democracias (véase, por ejemplo, O'Donnell, 1996 Menendez Carrión, 1986, De la Torre, 1992, Stein, 1980).
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