| Sumario: | La naturaleza, con todas sus interpretaciones objetivas y/o subjetivas, ha sido designada y representada en sus más variadas formas, respondiendo quizás siempre a un interés o una función coyuntural que nunca es neutra. Quizás esa versatilidad conceptual la ha conllevado a convertirse en un contenido vacío y sin novedad política. Por mucho tiempo se intentó minimizar aquellos atisbos ecológicos propiciados por Marx en El Capital, sin embargo, la idea de intercambio orgánico entre la sociedad y la naturaleza utilizada como crítica ambiental en siglo XIX, sirvió para comprender algunos hechos históricos que se sucedían entre Europa y aquellos incipientes territorios industriales.De esta manera América Latina (en general), y Perú-Bolivia y Chile (en particular) conocieron un auge transitorio en la explotación de nutrientes, minerales y sales con fines agrícolas e incluso bélicos. La interrelación suscitada bajo este “boom” del guano y el salitre, generó la mayor demanda en la fertilidad del suelo y el trabajo humano hasta ese entonces conocido. Fue esa distribución ecológica desigual entre las necesidades y las satisfacciones derivadas de la producción y explotación del valor de uso en la naturaleza, que llevó a repensar un análisis holístico y dialéctico, que considerara la realidad material de un momento determinado para explicar las crisis ambientales y el desarrollo desigual en el espacio.
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