| Sumario: | Las manifestaciones callejeras y populares se tomaron las calles, y dentro de cánticos y lemas como primeras acciones (luego de las evasiones masivas en las estaciones del metro de Santiago), aparecieron otras varias contrarias a todo lo que fuese una representación de la autoridad y el poder. Así, importantes avenidas y su infraestructura colindante fueron intervenidas con lienzos, carteles y murales, entre muchas otras representaciones visuales. Muchas plazas, rotondas y avenidas principales comenzaron a ser ocupadas y junto con ello a ser modificadas de acuerdo con las necesidades que el imaginario colectivo quiso plasmar. El problema que se plantea entonces es el patrimonio en contexto de crisis, ya que la intervención al mismo no tan solo responde a una memoria simbólica, sino que también afectiva, y en ese sentido las susceptibilidades propias de la subjetividad y de los procesos psicoemocionales de cada individuo y/o grupos quedan de manifiesto, poniendo en tela de juicio la valorización que las personas hacen del espacio, no tan solo sobre su uso, sino sobre sus representaciones, entrando a significar cada cosa que compone la trama de las ciudades y localidades en sí mismas.
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