| Sumario: | El jazz ha sido, desde sus orígenes, un espacio de innovación, libertad creativa, encuentro cultural y un espacio educacional importante en las últimas décadas debido a su fuerte exigencia teórica, técnica y creativa. Un estilo que a lo largo de su siglo de existencia es un referente no solo musical, sino educacional en distintos lugares del mundo. Institucionalizándose este, al igual que la música docta, en conservatorios y universidades. Como Rocio Mendizabal habla en su tesis sobre el rol educacional de las Jam de jazz: El peso dado por estas nuevas instituciones a la músic popular hizo que se cambiara el enfoque de la enseñanza en música clásica por otros lenguajes musicales como el jazz, siguiendo el giro dado por la famosa universidad de Berklee hace algunas décadas atrás (Mendizabal, 2021, p. 14). En el contexto chileno, esta forma musical ha sido reconfigurada y adaptada dentro de este proceso, la presencia de proyectos e instituciones como la Conchali big band, Projazz, la Escuela moderna de Música o la Escuela Superior de jazz, por nombrar algunas, que han formado ya varias generaciones de músicos. Dentro del mismo género, el formato de Big Band es, desde su origen, una de las estructuras más significativas en la historia del estilo. Este formato orquestal, que combina rigurosidad técnica, interpretación colectiva y espacio para la improvisación, ha evolucionado desde las grandes orquestas de swing en Estados Unidos hasta convertirse en una poderosa herramienta formativa en diversos contextos del mundo.
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