| Summary: | El camino constituye una mediación material entre las comunidades locales y el Estado. La constitución de este nexo entraña un enjambre de posibilidades cuya realización es el fruto del tipo de relación que se establece entre los actores involucrados. Este artículo procura poner de relieve la compleja trama de acciones que subyace a la construcción, el uso, la mantención y la reparación de rutas marginales que vinculan, en este caso, a comunidades Pewenche con su entorno regional. Para ello, mediante la observación etnográfica, se acompaña en su desplazamiento a residentes locales y se entrevista a usuarios y funcionarios de la ruta Q 699. Los resultados permiten visualizar el camino como algo vivo, cuya condición cambiante se condicecon los procesos vividos localmente. El análisis pone de relieve que las partes –el Estado y las comunidades Pewenche– logran preservar sus propósitos en términos de mantener niveles de relativa autonomía y de una presencia espasmódica. No obstante, se concluye que el costo de tales adecuaciones lo asume el entorno en términos de una creciente degradación provocada por empresas que resultan ser invisibilizadas por una gobernanza arrítmica.
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