| Sumario: | Quienes se dedican a la crítica y al oficio literario pueden llegar a encontrarse insatisfechos por la vaguedad de su arte y entregarse al sueño de reducirlo a la precisión de una ciencia. La vana esperanza de hallar un significado constante e invariable, o de dominar los instrumentos de su oficio, los llevan a olvidar frecuentemente que el encanto está en la cualidad fluida e incierta de las palabras y que los términos propenden a tener sentidos fácilmente separables, distintos y hasta irreconciliables. Es el caso de la palabra estilo que, desde Buffon hasta Flaubert y Stendhal, ha inspirado los más nobles esfuerzos por consensuar su significado.
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